25 agosto 2017

Cosas que sí puedo hacer aunque tenga parálisis cerebral



Hola amigos, mi nombre es Alicia y tengo cuatro años. Soy una niña con parálisis cerebral debido a una anoxia -falta de oxígeno en el cerebro-. La parálisis cerebral infantil no es una enfermedad. Es un trastorno psicomotor que afecta a la movilidad y a los sentidos.

La parálisis cerebral infantil afecta a mis movimientos, que son limitados y en mi caso veo bien pero tengo hipoacusia, con una respuesta lenta al sonido. 



A pesar de todo, soy una niña normal, con necesidades normales: quiero que me quieran y vivir en un entorno de bienestar.


¿Qué cosas me divierten? Os lo voy a contar, porque no todo va a ser centrarse en lo que "no puedo" y es más gratificante centrarse en lo que "sí puedo".

HACER EL CAFRE EN LA PISCINA



Con la ayuda de mi padre, me encanta jugar en la piscina, que me tiren alto, subirme a hombros de mi padre y que de saltos, hacer buceítos o incluso hacerle una ahogadilla a mi padre.

Me gusta dar un saltito desde el borde de la piscina estando sentanda y que me cojan al remojarme. También salpicar a todo quisqui, ahora que está mi hermano es más divertido. Él también me salpica.

JUGAR EN MI ESPALDERA.


¿Os acordáis de la espaldera que me hijo mi madre? Pues es superdivertido jugar con ella. Me acerco gateando y me agarro, y miro a mi padre para que me ayude a ponerme de pie unos segundos. Es muy divertido y me parto de la risa. Me hace cosquillas y además estar de pie es una novedad para mí.



EL CABALLO LOCO.


Sólo de pensarlo me parto de la risa. Si mi padre se tira al suelo para jugar conmigo, yo lo escalo como puedo y me subo, después sólo tengo que esperar a que se mueva botando para jugar. Claro, a veces pierdo el equilibrio y me agarro a los pelos, a la camiseta... y yo es que me parto de la risa.

UN SUSTITO A MAMÁ


¿Que mamá está cocinando? Pues mi padre me acerca por detrás y le planto a mamá la mano en el hombro. ¡Y da un gritito mientras se gira para hacerme cosquillas! Y es que me entra una risa...

¡CHOCA ESA MANO!


Cuando me preguntan algo y me interesa, yo choco la mano. Si no me intersea, también, pero ¿qué más da? Lo divertido es chocar la mano.

Y así, entre carcajada y carcajada va pasando el día. A veces también me entra el llantito y mis padres tienen que adivinar que me pasa, pero me saben calmar bien.

Ojalá mis padres pudieran estar siempre aquí a mi lado para cuidarme, pero mi padre tiene que irse varias horas al día. Ojalá algún día la sociedad entendiera que los niños como yo necesitamos a los padres para que nos cuiden, y la sociedad debe cuidar de ellos.

Yo no elegí esta condición, me sobrevino injustamente. Inesperadamente, y aun así merezco ser feliz.







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